Una farma en la cocina

Para mí, ser farmacéutica no sólo es una profesión, sino una forma de vida. No puedo evitar darle un toque farmacéutico casi a cada cosa que hago y en la cocina es donde más se me nota. El delantal es mi segunda bata, ordeno mi despensa por categorías (el orden alfabético aún no lo he implantado, pero no lo descarto), planifico las preparaciones cuidadosamente, sigo las recetas como si de seguir un PNT se tratara, peso los ingredientes con toda precisión y echo de menos las pipetas y probetas cuando utilizo las cucharitas medidoras. Y, por supuesto, desato toda mi creatividad para presentar todo con mucho mimo, que el producto primero tiene que entrar por los ojos.

Una farma en la cocina

Creo que estos métodos míos pueden chocar bastante a cocineros y cocinitas muy talentosos, que siguen la inspiración de cada momento, pero yo soy demasiado farmacéutica como para arriesgarme a que no salga bien y no tener guía de elaboración que revisar… ¡O a que salga muy muy bien y no tener documentadas las claves del éxito!

Y el caso es que, durante mucho tiempo, pensé que la cocina no era para mí. Pero, ahora que la vivo a mi manera, empiezo a engancharme al poder terapéutico de ir creando algo relajadamente, la satisfacción del trabajo bien hecho y la alegría de compartirlo con los que más quiero.

Así que hoy me descubro como #FarmaCocinera, esperando seguir aprendiendo, encontrar comprensión para mi puntito freaky y, ojalá, inspirarte para volcar todas tus habilidades farmacéuticas también para hacer platos muy buenos.

¿Y tú, cómo te mueves en la cocina?

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